Cuando falta un premolar, la cabeza va sola al catálogo. Se piensa en el diámetro: 3,75, 3,8, 4,0. Y esa es la trampa, porque el diámetro del implante no es el número que decide si el caso entra.
El implante no va solo en el hueso. Va rodeado. Y lo que decide es cuánto hueso le queda alrededor cuando ya está dentro.
El Dr. Jaime Dussan lo dice así en la clase de planificación del Método NEXUS®:
Los implantes en su circunferencia deben estar rodeados de hueso, mínimo de 1 mm de hueso.
Fíjate en la palabra: circunferencia. No es 1 mm por vestibular y ya. Es 1 mm en todo el contorno. Y de ahí sale una cuenta que cambia la conversación con el catálogo.
Si vas a poner un implante de 3,75:
= 5,75 mm, que en la práctica se redondean a 6 mm.
Son dos milímetros más de los que dice la caja. Y esos dos milímetros son el error más caro de la...
El caso llega a tus manos cuando ya está medio decidido. El implante está puesto, la encía cicatrizó con la forma que le dio otro, y tú tienes que rehabilitar sobre lo que te entregaron.
Por eso rehabilitar implantes no es solo tuercas. Cuando un periodoncista o un cirujano te remite un paciente, necesitas saber qué hizo para poder hacer una buena rehabilitación.
Hay tres cosas que conviene tener claras. Dos las tiene que entregar el cirujano; la tercera es cómo pides lo que falta.
Cuando te entregan el tornillo de cicatrización, te tienen que entregar también el sticker con los datos del implante: diámetro y largo.
Sin ese dato no puedes pedir el aditamento. Y sin aditamento no hay impresión.
Parece un detalle administrativo y es el que más tiempo hace perder: descubrirlo el día de la impresión significa reprogramar al paciente.
El tornillo de cicatrización es la manera en que el implante se co...
Un paciente vuelve a la tercera semana con la prótesis inferior floja. Usted revisa el modelo, revisa la oclusión, revisa el ajuste. Todo parece correcto. Y aparece la explicación que siempre está a la mano: es que ese reborde no da para más.
A veces es cierto. Casi nunca es toda la verdad.
El arco maxilar trabaja sobre un área de soporte de 23 a 24 cm². El mandibular, sobre 12 a 13 cm². La mitad de superficie para resistir exactamente las mismas fuerzas.
La diferencia no es el hueso del reborde: es el paladar. Arriba, el paladar duro rellena el interior de la herradura y convierte el arco en una superficie llena. Abajo no hay nada que lo rellene, porque ahí va la lengua. El arco mandibular es una banda, no una superficie.
Hasta aquí es anatomía conocida. Lo que casi nunca se dice en voz alta es lo que viene:
De esos 12 cm² que tiene la mandíbula, la mayoría de las prótesis inferiores usa poco más de la mitad.
Casi todo consultorio empieza igual: una sola cuenta. Entra lo del paciente, sale lo del laboratorio, sale el mercado de la casa. Todo del mismo sitio, porque al principio es más cómodo así.
El problema no es el desorden. Es que dejas de poder responder la única pregunta que importa.
¿Tu consultorio está generando ganancias, o estás cubriendo sus gastos con tu dinero personal sin darte cuenta?
Con las cuentas mezcladas no hay forma de saberlo. Y la confusión casi siempre juega a favor de la respuesta cómoda: parece que todo va bien, porque el saldo alcanza. Lo que no se ve es que el saldo alcanza porque tú lo estás completando.
Un consultorio que lleva años tapando huecos con el bolsillo del dueño se siente igual que uno rentable. Desde adentro no se distinguen. La diferencia aparece el día que dejas de poner — y para entonces ya llevas años subsidiando tu propio trabajo.